REVISTA LOGÍSTICA y TRANSPORTE - 14/12/2015
"Ahora solo nos queda seguir diciendo, sí señor lo que ustedes digan, y pensar en cómo vamos a eludir las restricciones".

La opinión de nuestros lectores sobre "Es necesario diálogo con el transporte francés".

“Es curioso que a estas alturas aún estemos pensando en qué más cosas nos podrán imponer los amigos transportistas franceses. Un país que lleva 40 años haciéndonos bailar a toda Europa no solo a los españoles sino a todos los de su alrededor, con unas leyes hechas para y por su beneficio. Si después de tantos años no nos hemos dado cuenta mal vamos. La regulación de las jornadas de trabajo las crearon para ellos, los descansos después de seis días, para ellos, las cuarenta y cinco horas, para ellos.

Estando a mitad de camino de cualquier destino, se autorregularon para unas condiciones laborales a medida. Los demás, a decir sí señor, lo que ustedes digan, porque no hay que ir muy hacia atrás en el tiempo para observar como cruzábamos Europa ...sin aire acondicionado con una cabina pequeñita y un motor no malo sino falto de potencia para los kgs.

Qué se transportaban y en aquellos entonces se pasaban los fines de semana en la cabina, a veces con dos conductores, se hacían viajes a Polonia, Dinamarca etc. en menos tiempo del que se podía medir. Éramos conquistadores, todo valía, los depredadores del asfalto, anécdotas del estilo, he ido a Bruselas en menos de 24 horas, hay para escribir 5 o 6 trilogías. Éramos los amos de Europa, pero las reglas del juego han cambiado han entrado otros actores en la película y ya no somos los protagonistas, los nuevos son más altos, guapos y con más poder.

Si nos hubiésemos preocupado antes, mucho antes, de cómo se trabajaba y no de trabajar a destajo, mucho y mal, otros derroteros, hubiésemos seguido. Ahora solo nos queda seguir diciendo, sí señor lo que ustedes digan, y pensar en cómo vamos a eludir las restricciones. Porque pensar en solucionar el desgaste social y discurrir unas codiciosos medio humanas, eso para otra generación, está perdida”.


*ESTA EDITORIAL NO SE RESPONSABILIZA DE LAS DECLARACIONES VERTIDAS POR SUS LECTORES.

NOTICIA OPINADA:
30/11/2015


O hablamos con los franceses o no va a ir bien.

El necesario diálogo con el transporte francés.


Por Armando Estrada, editor e ingeniero de caminos.

 
Más vale que construyamos una relación con nuestros colegas los transportistas franceses.


El verano ha dado la sensación que la presión francesa sobre el cabotaje ha pasado. Puede ser un error, ahí está que los franceses no tragan con la nueva ecotasa a pesar de venderla el gobierno como algo contra los extranjeros, es decir nosotros. El origen de la ofensiva francesa sobre el transporte internacional, y más concretamente, sobre el español, está en la correspondiente ofensiva de estos años de nuestro transporte sobre el cabotaje en Francia.

El porcentaje de transporte interno nacional francés realizado por terceros transportistas, como los españoles, ha saltado de un 16% a un 23% en tres años. Agravado por la falta de retornos, el transporte español que ya cabotaba en Francia (es decir, que de vuelta de la exportación cargaba en algún mercado francés para descargar lo más próximo a la frontera) aumentó de volumen.

También aumentó de volumen, y hay que decirlo, porque los transportistas franceses se hallaban cómodos con que los transportistas españoles hicieran ese transporte y que el transportista francés podía rentabilizar fácilmente cobrando los precios que habitualmente cobra en su mercado.

Es decir, encontraba a transportistas españoles que estaban dispuestos a rodar por 0,8 a 1 euro por kilómetro por trailer, mientras que ellos podían cobrar al cliente de 1,20 a 1,30. Es decir, una ganancia de comisión del 20%.

Sin embargo, no cabe duda de que somos los españoles el factor desestabilizador. Hay empresas rumanas, búlgaras o letonas que pueden más o menos llamar la atención, pero el conocimiento de más de una década de hacer cabotaje es del transporte español, y ese es el que detonó que los transportistas franceses se enfadasen. Y se enfadaron, en concreto, por la entrada de transportistas españoles en tenders (por ejemplo de Danone) en Francia). Una cosa era actuar de subordinados, y otra ya que con flotas importantísimas les hiciésemos la guerra con sus clientes.

El enfado, como aquí se narró, creció hasta llamarles la atención los franceses a los españoles con poca fortuna.

Cabreados, recurrieron a su Estado. Y como el estado francés suele ser bastante más patriota que el español, y además de gatillo fácil, ya tenemos las consecuencias. Por un lado multas por exceder el número de cargas en los cabotajes, ahora una ley ni más ni menos que pone multas de cárcel y 30.000 euros si detectan que obligamos a dormir a los chóferes el descanso semanal en su cabina. Es decir, que si hay que dormir el descanso semanal se va a aun hotel y se pasa allí un par de días, mientras que el trailer esta en cualquier descampado, desasistido.

No contentos con esto, han reglamentado algo más difícil pero con la misma intención, que es que aquellos que pongan en riesgo la seguridad (y esto de la seguridad es algo antojadizo) al obligar a los conductores a hacer kilometrajes abonándoles una prima por ellos, o por hacerles trabajar excesivamente (otra cosa difícil de probar pero fácil de montar) al establecer primas por mercancías entregadas serán objeto de las mismas sanciones. Es decir, de 30.000 euros a un año de cárcel.

Es decir, que están a apuntando con más artillería a la competitividad que les hace tanto daño.

No contentos con esto, han asustado (o eso pretenden) al cargador y a los contratistas en cadena con las mismas multas y sanciones penales. Es decir, la intención es clara y dura.

A pesar de todo y de estos movimientos, uno podría decir que esto preocupa lo justo. Las vías para eludirlos ya se están pensando: cruzar Francia rápidamente, no quedarse nunca atrapado en fin de semana, o sencillamente romper el descanso semanal con uno de solo 24 horas para proseguir. Todas ellas conllevan riesgos de multas, pero hay cosas, como dejar la carga desatendida, que nunca hará un transportista.

Con todo ello esto puede no ser lo mas grave sino lo que pueda estar por llegar. Comprobada la determinación francesa para proteger su mercado de transportes, conviene que en España actué ya.

Reconozcan los que deben que no han hecho nada. Y lo peor es que nos hemos cargado a los interlocutores válidos con Francia. Tenemos en España personas excelentemente situadas para lograr un acercamiento a Francia. Tenemos una persona tremendamente dotada, que es Pedro Conejero, que habla un excelente francés, está cercano a socios franceses, conoce a la perfección el tema y mas valdría que el sector entero le pagase un año de excedencia. Y cuando uno dice el sector entero, es empezando por los mismos cargadores de frutas y hortalizas. Si no, esto no va a haber quien lo pare. Si no fuese por personajes asociativos que pululan por España, y que tienen al señor Conejero en la vía muerta asociativa, este tema no habría llegado donde ha llegado.

Y sobre todo, habría llegado el problema con la solución debajo del brazo.

Pero sin embargo, tenemos al señor Conejero, al que las envidias y las mezquindades (en este caso por que sabe más que los demás y habla mejor francés) lo tienen arrinconado. A uno de los que más ha hecho por que el transporte tenga una estructura adecuada le culpan de sus males.

Aquí se desprecia lo que se ignora. Más vale que el señor Conejero se ponga al frente de una delegación española que no haga otra cosa nada más que hablar con los franceses, y llegar a una solución entre colegas transportistas.

El señor Conejero conoce las dos partes del conflicto, es amigo de las dos partes, se expresa rotundamente en francés y nadie conoce mejor que él todos los entresijos de las leyes españolas y francesas, del reglamento 561 que el 90%, reconozcámoslo, solo lo conocemos de oídas. Un señor que es capaz de hacer callar y guardar la libreta de sanciones a cualquier gendarme francés que se ponga al teléfono cada vez que le paran un camión, es un valor a no desperdiciar. Alguien así es necesario en este momento, porque esto no es nada comparado con lo que
pueden inventar los franceses cabreados.

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